Cómo funciona
Un guion que retiene no se escribe. Se reescribe.
Casi cualquier IA te da un guion correcto. El problema es que «correcto» no retiene: suena a resumen, entierra lo mejor en el medio y cierra pidiendo comentarios. Esto es lo que hacemos distinto, en dos fases.
Minería, no resumen
Un resumen te devuelve el tema central del vídeo — que es exactamente lo que ya está saturado en todos los canales. Nosotros recorremos la transcripción completa buscando piezas con tensión propia: el dato que contradice lo que tu audiencia cree, la historia con una pérdida concreta, el error que casi todos cometen.
La regla que lo cambia todo es el anclaje: cada idea tiene que citar el momento exacto del vídeo que la sustenta, con su minuto. Si una idea no puede citar su fuente, se descarta — porque entonces es un tema genérico que cualquiera podría haber escrito sin ver el vídeo, y eso no vale lo que cuesta grabarlo.
Por eso también te enseñamos lo que no elegimos y por qué. Saber qué se descartó es la mitad del criterio.
El primer borrador nunca sale de casa
Aquí está la diferencia de verdad. Cada guion se escribe dos veces: primero una versión competente — la que te daría cualquier herramienta — y después un segundo pase que adopta el papel de un editor sin piedad, la audita contra una batería de criterios de retención y la reescribe entera. Tú solo ves la segunda versión.
Esa auditoría pregunta cosas que un guion normal nunca se pregunta: si el hook filtra a gente que debería quedarse, si el mejor insight está enterrado donde nadie llega, si hay alguna pregunta abierta que obligue a seguir mirando, si existe algo que el espectador quiera capturar y guardar, o qué pierde exactamente quien pase de largo.
Y hay reglas que no se negocian. Las frases muertas están prohibidas — si un guion empieza con «hoy te voy a enseñar», se reescribe. Los cierres de compromiso tipo «déjame en comentarios cuál te gustó» están vetados: cada CTA tiene que darle al espectador una razón real para guardar o compartir. Y el ritmo se controla por bloques cortos, porque la retención se pierde por párrafos, no por vídeos.
Arco, no lista
Un listicle plano se convierte en problema, escalada y revelación. La tensión narrativa no es adorno: es lo que sostiene el minuto.
El clímax, al final
El mejor insight no se gasta en el segundo diez. Se coloca donde convierte la curiosidad en visualización completa.
Cierre que reabre
El final conecta con el hook para invitar a verlo otra vez. Un detalle sembrado al principio solo se entiende al final.
Con tu voz, no con una plantilla
Tu perfil de marca — nicho, audiencia, tono, duración objetivo y plataforma — se inyecta en las dos fases. La misma idea no se guioniza igual para un canal de finanzas que para uno de fitness, y un guion que no suena a ti es un guion que no puedes grabar.
El idioma también es una regla dura: español neutro con tuteo, sin localismos, aunque el vídeo fuente esté en inglés. Escribes para toda la audiencia hispanohablante, no para una región.
Listo para grabar, no para editar
El guion que recibes son solo las palabras que se dicen a cámara: se lee de arriba abajo y se graba, sin saltarse acotaciones ni marcas de tiempo. Todo lo demás — el desglose por bloques con visuales, las notas de producción, el caption con hashtags, dos hooks alternativos para testear — va aparte, en una sección de notas.
La parte que no publicamos
Los criterios exactos de la auditoría, sus definiciones operativas, las listas completas de reglas y la forma en que se pondera cada decisión son el motor de esta herramienta, afinados guion a guion. No los publicamos aquí ni en ningún sitio — igual que un buen copywriter no entrega su checklist con el trabajo.
Lo que sí puedes hacer es juzgar el resultado: procesa un vídeo de tu nicho y compara el guion con lo que te daría un prompt genérico.